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miércoles, 28 de abril de 2010

Bolchevismo y Stalinismo

León Trotsky










Sobre la cuestión de las raíces

teóricas e históricas de

la IV Internacional






Escrito: En 1937.







Épocas reaccionarias como la actual, no sólo debilitan y desintegran a la clase obrera aislándola de su vanguardia, sino que también rebajan el nivel ideológico general del movimiento, rechazando hacia atrás el pensamiento político, hasta etapas ya superadas desde hace mucho tiempo. En estas condiciones la tarea de la vanguardia consiste, ante todo, en no dejarse sugestionar por el reflujo general: es necesario avanzar contra la corriente. Si las desfavorables relaciones de fuerzas no permiten conservar las antiguas posiciones políticas, por lo menos hay que conservar las posiciones ideológicas, pues la experiencia tan cara del pasado se ha concentrado en ellas. Ante los ojos de los mentecatos, tal política aparece como "sectaria". En realidad no hace más que preparar un salto gigantesco hacia adelante impulsada por la oleada ascendente del nuevo periodo histórico.





REACCIÓN CONTRA EL MARXISMO Y EL COMUNISMO







Las grandes derrotas políticas, provocan inevitablemente una revisión de valores, la que en general se lleva a cabo en dos direcciones. Por una parte el pensamiento de la verdadera vanguardia, enriquecido por la experiencia de las derrotas, defiende con uñas y dientes la continuidad del pensamiento revolucionario y se esfuerza en educar nuevos cuadros para los futuros combates de masas. Por otra, el pensamiento de los rutinarios, de los centristas y de los diletantes, atemorizado por las derrotas, tiende a derrocar la autoridad de la tradición revolucionaria y vuelve al pasado con el pretexto de buscar una "nueva verdad".



Se podrían aportar infinidad de ejemplos de reacción ideológica que muy a menudo adopta la forma de postración. En el fondo, toda la literatura de la II y, III Internacional y la de sus satélites del Bureau de Londres (1), constituyen ejemplos de este género. Ni un renglón de análisis marxista. Ni una tentativa seria para aclarar las causas de las derrotas. Ni una palabra nueva sobre el porvenir. Solamente clichés, rutina, mentiras y ante todo, preocupaciones para salvar su posición burocrática. Bastan diez líneas de cualquier Hilferding o de Otto Bauer (2), para sentir ya el olor de podredumbre. De los teóricos del "Comintern"(3) es mejor no hablar. El célebre Dimitrov(4) es tan ignorante y trivial como el más simple almacenero. El pensamiento de estas personas es muy perezoso para renegar del marxismo: lo prostituyen. Pero actualmente no son estos señores los que nos interesan. Veamos los "innovadores".



El ex comunista austriaco, Willi Schlamm, ha consagrado un opúsculo a los procesos de Moscú (5) con el expresivo titulo de "Dictadura de la mentira". Schlamm es un periodista talentoso, cuyo principal interés está dirigido hacia los asuntos de actualidad. Hizo una excelente critica de las falsificaciones de Moscú y puso al desnudo la mecánica psicológica de las "confesiones voluntarias". Pero como no se da por satisfecho con esto, quiere crear una nueva teoría del socialismo que asegure el porvenir contra las derrotas y las falsificaciones. Como Schlamm no es un teórico y según sus declaraciones está muy poco familiarizado con la historia del desarrollo del socialismo, creyendo hacer un descubrimiento, presenta un socialismo anterior a Marx, que además de ser una variedad atrasada del socialismo alemán, es dulzón e insulso. Schlamm renuncia a la dialéctica y a la lucha de clases, sin hablar de la dictadura del proletariado. Para él, la tarea de la transformación de la sociedad se reduce a la realización de algunas verdades "eternas" de la moral, con las que se prepara para impregnar a la humanidad desde ahora, bajo el régimen capitalista. La revista de Kerenski(6) "Novaia Rossia" (antigua revista provincial rusa que se publica en París) no solamente adopta con alegría, sino que también con nobleza, la tentativa de Willi Schlamm de salvar el marxismo por medio de una inoculación de linfa moral. Según la justa conclusión de la redacción, Schlamm alcanza los principios del verdadero socialismo ruso, que ya había opuesto con anterioridad, a la ruda lucha de clases, los principios sagrados de la fe, esperanza y el amor.



Por cierto que la doctrina original de los "socialistas-revolucionarios" rusos, representa en sus premisas teóricas un retorno al socialismo de la Alemania anterior a Marzo de 1848. Sin embargo, sería demasiado injusto exigir de Kerenski, un conocimiento más profundo de la historia de las ideas del socialismo, que de Schlamm. Mucho más Importante es el hecho de que Kerenski, que ahora se solidariza con Schlamm, fue, como jefe de gobierno, el iniciador de las persecuciones contra los bolcheviques, tratándolos como agentes del Estado Mayor Alemán, es decir, que organizó las mismas falsificaciones, para luchar contra las cuales, Schlamm moviliza ahora verdades metafísicas sacadas de los mitos.



El mecanismo psicológico de la reacción intelectual de Schlamm y de sus semejantes, es muy simple. Durante algún tiempo estas personas han participado en un movimiento político que juraba por la lucha de clases e invocaba, de palabra, la dialéctica materialista. Tanto en Alemania como en Austria, este movimiento terminó con una catástrofe. Schlamm saca la siguiente conclusión sumaria "¡Ved adónde conducen la lucha de clases y la dialéctica!". Y como el número de descubrimientos está limitado por la experiencia histórica... y por la riqueza de los conocimientos personales, nuestro reformador en su búsqueda de una nueva fe, ha encontrado verdades antiguas, desechadas hace tiempo, que opone denodadamente no solamente al bolchevismo, sino también al marxismo.



A simple vista, la variedad de reacción ideológica presentada por Schlamm, es tan primitiva (de Marx... a Kerenski) que no vale la pena detenerse en ella. Sin embargo, es extremadamente instructiva: precisamente gracias a su carácter primitivo representa el denominador común de todas las otras formas de reacción, y ante todo el renunciamiento total al bolchevismo.









"VUELTA AL MARXISMO"



El marxismo ha encontrado su expresión histórica más grandiosa en el bolchevismo. Bajo la bandera del bolchevismo el proletariado obtuvo su primera victoria y fundó el primer estado obrero.



Ninguna fuerza será capaz de borrar estos hechos históricos. Pero, como la revolución de Octubre ha conducido al estado actual, es decir al triunfo de la burocracia, con sus sistemas de opresión, de falsificación y de expoliación -a la dictadura de la mentira- según la justa expresión de Schlamm, numerosos espíritus formalistas y superficiales, se inclinan ante la sumaria conclusión de que es imposible luchar contra el Stalinismo, sin renunciar al bolchevismo. Como ya sabemos, Schlamm va aún más lejos: el Stalinismo, que es la degeneración del bolchevismo, es también un producto del marxismo; en consecuencia, es imposible luchar contra el Stalinismo sin apartarse de las bases del marxismo. Gentes menos consecuentes, pero más numerosas dicen por lo contrario: "hay que volver del bolchevismo al marxismo". Pero... ¿Por qué camino? ¿A qué marxismo? Antes de que el marxismo "fuese a la bancarrota" en forma de bolchevismo, ya se había hundido bajo la forma de social-democracia. La consigna "volver de nuevo al marxismo" significa dar un salto sobre la II y la III Internacional hacia... ¡la I Internacional! Pero también esta fue derrotada. Resumiendo: se trata de volver en definitiva... a las obras completas de Marx y Engels. Para dar este salto heroico, no hay necesidad de salir del gabinete de trabajo, ni siquiera de quitarse las pantuflas. Pero, ¿cómo pasar de golpe de nuestros clásicos (Marx murió en 1883 y Engels en 1895) a las tareas de la nueva época, dejando de lado la lucha teórica y política de muchas decenas de años, lucha que comprende también el bolchevismo y a la Revolución de Octubre? Ninguno de los que se proponen renunciar al bolchevismo como tendencia históricamente en "bancarrota", ha indicado nuevos caminos.



Para ellos todo se reduce al simple consejo de estudiar EL CAPITAL. Contra esto no tenemos nada que objetar. Pero también los bolcheviques han estudiado EL CAPITAL, y no del todo mal. Sin embargo, eso no impidió la degeneración del Estado Soviético y la "mise en scéne" de los procesos de Moscú. ¿Qué hacer entonces? ¡Es verdad, por lo tanto, que el Stalinismo representa el producto legítimo del bolchevismo, como lo cree toda la reacción, como lo afirma el mismo Stalin, como lo piensan los mencheviques, los anarquistas y algunos doctrinarios de izquierda, que se consideran marxistas? "Siempre lo habíamos predicho -dicen- habiendo comenzado con la prohibición de los distintos partidos socialistas, con el aplastamiento de los anarquistas, estableciéndose la dictadura de los bolcheviques en los soviets, la Revolución de Octubre no podía dejar de conducir a la dictadura de la burocracia. El Stalinismo a la vez es la continuación y la negación del leninismo"





¿ES EL BOLCHEVISMO RESPONSABLE DEL STALINISMO?







El error de este razonamiento comienza con la identificación tácita, del bolchevismo, de la Revolución de Octubre, y de la Unión Soviética. El proceso histórico, que consiste en la lucha de fuerzas hostiles es reemplazado por la evolución abstracta del bolchevismo. Sin embargo el bolchevismo es solamente una corriente política. Aunque estrechamente ligado a la clase obrera, no se identifica con ella. En la U. R. S. S. además de la clase obrera existen más de cien millones de campesinos de diversas nacionalidades; una herencia de opresión, de miseria y de ignorancia. El estado creado por los bolcheviques refleja, no solamente el pensamiento y la voluntad de los bolcheviques, sino también el nivel cultural del país, la composición social de la población, la influencia del pasado bárbaro y del imperialismo mundial no menos bárbaro. Representar el proceso de la degeneración del estado soviético como la evolución del bolchevismo puro, es ignorar la realidad social. pues considera uno solo de sus elementos aislándolo de una manera puramente lógica. Basta con llamar este error elemental por su verdadero nombre, para que no quede nada de él.



El mismo bolchevismo jamás se ha identificado con la Revolución de Octubre ni con el Estado Soviético que de ella surgió El bolchevismo se consideraba como uno de los factores históricos, su factor "consciente", factor muy importante pero no decisivo. Nunca hemos pecado de subjetivismo histórico.



Veíamos el factor decisivo, - sobre la base dada por las fuerzas productivas -, en la lucha de clases, no sólo en escala nacional sino también internacional.



Cuando los bolcheviques hacían concesiones a las tendencias pequeño-burguesas de los campesinos; cuando establecían reglas estrictas para el ingreso al Partido; cuando depuraban este partido de elementos que le eran extraños; cuando prohibían a los otros partidos; cuando introducían la N. E. P.,(7) cuando cedían las empresas en forma de concesiones; o cuando firmaban acuerdos diplomáticos con los gobiernos imperialistas, extraían de este hecho fundamental, conclusiones que, desde el comienzo les era teóricamente claro: la conquista del poder, por muy importante que sea, no convierte al partido en el dueño todopoderoso del proceso histórico.



Ciertamente, después de haberse apoderado del aparato del Estado, el partido tiene la posibilidad de influenciar con una fuerza sin precedentes, en el desarrollo de la sociedad, pero en cambio es sometido a una acción múltiple por parte de todos los otros elementos de esta sociedad. Puede ser arrojado del poder por los golpes directos de las fuerzas hostiles. Con el ritmo más lento de la evolución. puede degenerar interiormente, aunque se mantenga en el poder. Es precisamente esta dialéctica del proceso histórico, la que no comprenden los razonadores sectarios que tratan de encontrar un argumento definitivo contra el bolchevismo, en la putrefacción de la burocracia Stalinista. En el fondo esos señores dicen: "un Partido revolucionario es malo cuando no lleva en sí mismo garantías contra su degeneración".



Enfocado con un criterio semejante, el bolchevismo está evidentemente condenado: no posee ningún talismán. Pero ese mismo criterio es falso. El pensamiento científico exige un análisis concreto: ¿Como y por qué el partido se ha descompuesto?, hasta ahora nadie ha hecho este análisis fuera de los bolcheviques. No por eso han tenido necesidad de romper con el bolchevismo. Por el contrario, es en el arsenal del bolchevismo donde han encontrado todo lo necesario para explicar su destino. La conclusión a la cual llegamos es la siguiente: evidentemente el Stalinismo ha "surgido" del bolchevismo; pero no surgió de una manera lógica, sino dialéctica; no como su afirmación revolucionaria, sino como su negación termidoriana. Que no es una misma cosa.





EL PRONOSTICO FUNDAMENTAL DEL BOLCHEVISMO



Sin embargo, los bolcheviques no han tenido necesidad de esperar los procesos de Moscú, para explicar a posteriori las causas de la descomposición del partido dirigente de la U. R. S. S. Hace mucho tiempo que habían previsto la posibilidad teórica de una variante semejante en su evolución y de antemano se hablan expresado sobre ella. Recordemos, pronóstico que habían hecho los bolcheviques no solamente en vísperas de la Revolución de Octubre. sino también un buen número de años antes. La agrupación fundamental de las fuerzas, a escala nacional e internacional, abre, por primera vez, para el proletariado de un país tan atrasado como Rusia, la posibilidad de llegar a la conquista del poder. Pero ese mismo agrupamiento de fuerzas permite asegurar de antemano, que sin la victoria más o menos rápida del proletariado de los países adelantados el Estado obrero no podría mantenerse en Rusia. El régimen soviético abandonado a sus propias fuerzas, caerá o degenerará . Más exactamente: primero degenerará y luego caerá rápidamente. He tenido oportunidad de escribir sobre esto, más de una vez, desde 1905. En mi "Historia de la Revolución Rusa" (apéndice al ultimo tomo, "Socialismo en un solo país" ) hay una reseña de lo que han dicho a este respecto los jefes del bolchevismo desde 1917 hasta 1923. Todo se reduce a una sola cosa: sin revolución en Occidente el bolchevismo será liquidado por la contra-revolución interna; por la intervención extranjera, o por su combinación. En particular, Lenin ha indicado más de una vez, que la burocratización del régimen soviético no es una cuestión técnica o de organización, sino que es el comienzo de una posible degeneración social del Estado Obrero. En el XI Congreso del partido, en Marzo de 1922, Lenin habla del "apoyo" que estaban decididos a ofrecer a la Rusia Soviética durante la época de la N. E. P., algunos políticos burgueses y en particular el profesor liberal Oustrialov. "Estoy por el sostenimiento del gobierno soviético en Rusia -dijo- aunque sea un cadete, un burgués que ha sostenido la intervención... por que ha entrado en el camino del poder burgués ordinario". Lenin prefiere la voz cínica del enemigo a los "dulces arrullos comunistas", y ha advertido al partido de ese peligro con estas palabras de ruda sobriedad: "Cosas como las que dice Oustrialov son posibles, hay que confesarlo. La historia conoce transformaciones de toda ¡índole; apoyarse en la convicción, la devoción y otras excelentes cualidades morales, es una cosa nada seria en política. Excelentes cualidades morales existen en un número ínfimo de personas, pero son las grandes masas las que deciden los desenlaces históricos, masas que tratan con poca benevolencia a ese escaso número de personas, si éstas le son poco gratas". En una palabra, el partido no es el único factor de la evolución y, en una gran escala histórica, no es un factor decisivo.



Sucede que una nación conquista a otra - continúa Lenin en el mismo Congreso, el ultimo en que participó -, esto es muy simple y comprensible a cualquiera. ¿Pero que sucede con la civilización de esos países? Esto ya no es tan simple. Si la nación que ha hecho la conquista tiene una civilización superior a la nación vencida, aquella le impone su civilización; pero si sucede lo contrario, la nación vencida le impone la suya a la nación conquistadora. No ha pasado algo semejante en la capital de la R. S. F. S. R., y no sucedió que 4.700 comunistas (casi toda una división de la mejor entre las mejores) se han visto sometidos a una civilización extranjera?". Esto fue dicho al comienzo de 1922, y no por primera vez. La historia no la hacen algunos hombres, -aunque sean "los mejores entre los mejores", y más aún, esos "mejores" pueden degenerar en el sentido de una civilización "extranjera", es decir, burguesa. No solamente el Estado Soviético puede alejarse del camino socialista, sino que también el partido bolchevique puede, en condiciones históricas desfavorables, perder su bolchevismo.



Es con la clara comprensión de este peligro, que nació la oposición de izquierda, definitivamente formada en 1923. Registrando diariamente los síntomas de degeneración, se esforzó por oponer al termidor amenazante la voluntad consciente de la vanguardia proletaria. Sin embargo, ese factor subjetivo resultó insuficiente. Las "masas gigantescas" que, según Lenin, deciden los desenlaces de la lucha, estaban cansadas por las privaciones propias del país y por una espera demasiado prolongada de la revolución mundial. Las masas perdieron la energía. La burocracia adquirió ventajas. Dominó a la vanguardia proletaria, pisoteó el marxismo, prostituyó al partido bolchevique. El Stalinismo resultó victorioso. Bajo la forma de oposición de izquierda, el bolchevismo rompió con la burocracia soviética y con su Comintern. Tal es la verdadera marcha de la evolución.



Ciertamente, en un sentido formal, el Stalinismo surgió del bolchevismo. Aún hoy, la burocracia de Moscú continúa llamándose partido bolchevique. Si utiliza la antigua etiqueta del bolchevismo lo hace simplemente para engañar mejor a las masas. Tanto más lastimosos son los teóricos que toman la cáscara por el carozo, la apariencia por la realidad. Identificando el Stalinismo con el bolchevismo prestan el mejor favor a los termidorianos y, por lo mismo, representan un papel manifiestamente reaccionario.



Con la eliminación de todos los otros partidos de la arena política, los intereses - y las tendencias contradictorias de las diversas capas de la población deben, en mayor o menor grado, encontrar su expresión dentro del partido dirigente, A medida que el centro de gravedad político, se desplazaba de la vanguardia proletaria, hacia la burocracia, el partido se modificaba, tanto en su composición social como en su ideología. Gracias a la marcha impetuosa de la evolución en el curso de los últimos quince años, ha sufrido una degeneración más radical que la social-democracia durante medio siglo. La depuración actual traza entre el Stalinismo y el bolchevismo no una simple raya sangrienta, sino todo un río de sangre.



La exterminación de toda la vieja generación bolchevique, de una gran parte de la generación ¡intermedia que había participado en la guerra civil, y también de una parte de la juventud que había tomado más en serio las tradiciones bolcheviques, de muestra la incompatibilidad no solamente política si no también directamente física, entre el bolchevismo y el Stalinismo. ¿Como es posible que no se vea esto?





STALINISMO Y "SOCIALISMO DE ESTADO"



Los anarquistas, por su parte, tratan de ver en el Stalinismo, además del producto orgánico del bolchevismo y del marxismo, el del "socialismo de estado" en general. Ellos consienten en reemplazar la patriarcal "federación de comunas libres" de Bakunin, por una federación más moderna de Soviets libres. Pero, ante todo, se oponen al estado centralizado. En efecto, una rama del marxismo "de estado", la social-democracia, una vez llegada al poder se ha convertido en una agencia declarada del capital. Otra, ha engendrado una nueva casta de privilegiados. Y claro, el origen del mal está en el Estado. Considerando esto con amplio criterio histórico, se puede encontrar una pizca de verdad en este razonamiento. El Estado, en tanto que aparato de opresión, es incontestablemente, una fuente de infección política y moral. Como la experiencia lo demuestra, esto es aplicable también al Estado Obrero. En consecuencia, se puede decir que el Stalinismo es el producto de una etapa histórica, en que la sociedad no ha podido arrancarse aún el chaleco de fuerza del Estado. Pero esta situación no nos da ningún elemento que permita apreciar el bolchevismo o el marxismo, sino que sólo caracteriza el nivel general de la civilización humana, y, ante todo, la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Después de ponemos de acuerdo con los anarquistas de que el Estado, aun el Estado Obrero, está engendrado por la lucha de clases y de que la verdadera historia de la humanidad comenzara con la abolición del estado; queda planteado ante nosotros el siguiente problema: ¿Cuáles son los caminos y los métodos capaces de conducirnos "al fin de los fines" a la abolición del Estado? La experiencia reciente testimonia de que en todo caso no son los métodos del anarquismo. Los jefes de la C. N. T.(8) española, la única organización anarquista importante en el mundo, en la hora critica se han transformado en ministros de la burguesía. Ellos explican su abierta traición a la teoría del anarquismo, por la presión de las "circunstancias excepcionales". ¿Pero no es este el mismo argumento que emplearon a su tiempo los jefes de la social-democracia alemana? Por cierto que la guerra civil no es una circunstancia pacífica y ordinaria, sino más bien una "circunstancia excepcional". Pero, es precisamente para esas "circunstancias excepcionales" que se prepara toda organización revolucionaria seria. La experiencia española ha demostrado, una vez más, que se puede "negar" el estado en los folletos editados en "circunstancias normales" y con pern£w del estado burgués: pero también ha demostrado, que las condiciones de la revolución no dejan ningún lugar para la negación del estado y que además exigen su conquista. No tenemos la intención de acusar a los anarquistas españoles de no haber liquidado el Estado de un plumazo. Un partido revolucionario aún habiéndose apoderado del poder (lo que los jefes anarquistas no han sabido hacer a pesar del heroísmo de los obreros anarquistas), no es todavía el dueño todopoderoso de la sociedad. Si acusamos tan ásperamente a la teoría anarquista, lo hacemos porque habiéndose considerado conveniente para un periodo pacifico, se ha tenido que renunciar a ella apresuradamente, desde que aparecieron las "circunstancias excepcionales"... de la revolución. Antiguamente se encontraban generales - y se encuentran sin duda todavía - que pensaban que lo que más echaba a perder un ejercito era la guerra. Los -revolucionarios que se lamentan de que la revolución da al traste con su doctrina no valen mucho más que aquellos. Los marxistas y los anarquistas están plenamente de acuerdo, en cuanto al objetivo final, es decir, con la liquidación del estado. El marxismo permanece "estadual" únicamente en la medida en que la liquidación del estado no puede esperarse por el simple hecho de contentarse con ignorar su existencia. La experiencia del Stalinismo no modifica en nada la enseñanza del marxismo, si no que lo confirma, por el método inverso. Una doctrina revolucionaria que enseña al proletariado a orientarse correctamente en una situación determinada y a utilizarla activamente, no encierra en sí, -hay que entenderlo bien-, la garantía automática de la victoria. Pero, por el contrario, la victoria no es posible sino gracias a esa doctrina. Además es imposible representarse esta victoria en forma de un acto único. Es necesario considerar el asunto teniendo en perspectiva una extensa época. El primer estado obrero, descansando sobre una base económica poco desarrollada - rodeado de un anillo imperialista - se ha transformado en gendarmería del Stalinismo. Pero el verdadero bolchevismo ha declarado una guerra sin tregua a esa gendarmería. Para mantenerse, el Stalinismo está obligado a llevar ahora abiertamente una "guerra civil" contra el bolchevismo calificado de "trotskysmo", no solamente en la U. R. S. S., sino también en España. El viejo partido bolchevique está muerto, pero el bolchevismo por todas partes levanta la cabeza.



Buscar el origen del Stalinismo en el bolchevismo o en el marxismo, es exactamente la misma cosa, en un sentido más general, que querer buscar el origen de la contrarrevolución en la revolución. Sobre este esquema se ha modelado siempre el pensamiento de los liberal-conservadores y tras ellos el de los reformistas. A causa de la estructura de la sociedad basada en clases, las revoluciones siempre han engendrado las contra-revoluciones. ¿Esto no nos demuestra -pregunta el razonador- que el método revolucionario encierra algún vicio interno? Sin embargo, hasta ahora, ni los reformistas ni los liberales, han inventado métodos "más económicos". Pero, si no es fácil interpretar todo un proceso histórico viviente, no es por el contrario, nada difícil interpretar de una manera racionalista. la sucesión de sus etapas, haciendo proceder lógicamente el Stalinismo del "socialismo de estado-"; el fascismo del marxismo: la reacción de la revolución. En una palabra: la antítesis de la tesis. En este dominio como en tantos otros, el pensamiento anarquista queda prisionero del racionalismo liberal. El verdadero pensamiento revolucionario, es imposible sin la dialéctica.



Los argumentos de los racionalistas toman a veces, por lo menos exteriormente, un carácter más concreto. Para ellos el Stalinismo no procede del bolchevismo en sí, sino de sus pecados políticos. Los bolcheviques, dicen los espartaquistas alemanes, Gorter, Panneckoek,(9) etc., han reemplazado la dictadura del partido por la de la burocracia. Los bolcheviques han aniquilado todos los partidos salvo el suyo; Stalin ha estrangulado al partido bolchevique en interés de la camarilla bonapartista. Los bolcheviques llegaron a un acuerdo con la burguesía; Stalin se convirtió en su aliado y sostén. Los bolcheviques han reconocido la necesidad de participar en los viejos sindicatos y en el parlamento burgués: Stalin ha hecho amistad con la burocracia sindical y con la democracia burguesa. De esta manera se puede seguir razonando todo el tiempo que se quiera. A pesar del efecto que estos razonamientos puedan producir exteriormente, son absolutamente vacíos. El proletariado sólo puede llegar al poder por intermedio de su vanguardia. La misma necesidad de un poder estadual deriva del insuficiente nivel cultural de- las masas y de su heterogeneidad. La tendencia de las masas hacia su liberación cristaliza en la vanguardia revolucionaria organizada en partido. Sin la confianza de la clase en su vanguardia, y sin el apoyo de esta por aquella, ni siquiera puede plantearse la conquista del poder. Es en este sentido que la revolución proletaria y la dictadura constituyen el objetivo de toda la clase, pero solamente bajo la dirección de su vanguardia. Los Soviets son la forma organizada de la alianza de la vanguardia con la clase. El contenido revolucionario de esta alianza no puede estar dado más que por el partido. Esto está demostrado por la experiencia positiva de la Revolución de Octubre y por la experiencia negativa de otros países (Alemania, Austria y últimamente España).



Nadie ha demostrado prácticamente, ni siquiera ha tratado de explicar en forma precisa sobre el papel, de como el proletariado pueda apoderarse del poder sin la dirección política de un partido, que sabe lo que quiere. Si este partido somete a los soviets a su acción política, este hecho cambia tan poco el sistema soviético, como cambiaría una mayoría conservadora el sistema parlamentario británico. En cuanto a la supresión de los demás partidos soviéticos, no deriva de ninguna "teoría" bolchevique, sino que fue una medida de defensa de la dictadura en un país atrasado, agotado y rodeado de enemigos. Los mismos bolcheviques comprendieron desde un comienzo, que esta medida, completada con la supresión de las fracciones en el interior del mismo partido dirigente, encerraba un grave peligro. Sin embargo, la fuente del peligro no estaba en la doctrina o en la táctica, sino en la debilidad material de la dictadura, en las dificultades de la situación interior y exterior.



Si la revolución hubiera triunfado también en Alemania habría desaparecido la necesidad de prohibir a los otros partidos soviéticos. Es absolutamente indiscutible, que la dominación de un solo partido sirvió jurídicamente de punto de partida del régimen totalitario Stalinista. Pero la causa de tal evolución no está en el bolchevismo, ni tampoco en la interdicción de los otros partidos, como medida militar temporaria, sino en la serie de derrotas que sufrió el proletariado de Europa y Asia.



Sucedió lo mismo en la lucha contra el anarquismo. En la época heroica de la revolución, los bolcheviques marcharon juntos con los anarquistas verdaderamente revolucionarios. Muchos de ellos fueron absorbidos por el partido. Más de una vez el autor de estas líneas examinó con Lenin la posibilidad de dejar a los anarquistas, algunos territorios para que allí aplicaran, con el consentimiento de la población, sus experiencias de supresión inmediata del Estado.



Pero las condiciones de la guerra civil, del bloqueo y del hambre. no permitieron la aplicación de semejantes planes. ¿Y la insurrección de Kronstadt?(10), Hay que comprender que el gobierno revolucionario no podía "regalarles" a los marinos revolucionarios, una fortaleza que dominaba la capital, por el solo hecho de que a la rebelión reaccionaria de los soldados campesinos se les unieran algunos dudosos anarquistas. El análisis histórico concreto de los acontecimientos, no deja ningún lugar para las leyendas que la ignorancia y el sentimentalismo crearon alrededor de Kronstad, Majno (11) y otros episodios de la revolución.



Es indudable también que la burocracia surgida de la revolución ha monopolizado en sus manos el sistema de coerción. Cada etapa de la evolución, aun cuando ellas sean tan catastróficas, como la revolución y la contra-revolución, se origina en la etapa precedente, tiene en ella sus raíces y conserva algunos de sus rasgos. Los liberales, incluso la pareja Webb, (12) siempre afirmaron que la dictadura bolchevique representa solamente una nueva edición del zarismo. Por eso cierran los ojos ante detalles tales como la abolición de la monarquía y la nobleza, la entrega de la tierra a los campesinos, la expropiación del capital, la introducción de la economía planificada, la educación atea, etc... También el pensamiento liberal-anarquista, cierra los ojos ante el hecho de que la revolución bolchevique, con todas las medidas de represión, significaba la subversión de las relaciones sociales en interés de las masas, mientras que el golde de estado termidoriano de Stalin, lleva en si el reagrupamiento de la sociedad soviética en beneficio de una minoría privilegiada. Está claro que en la identificación del Stalinismo con el bolchevismo no hay ni rastros de criterio socialista.









PROBLEMAS TEÓRICOS



Uno de los principales rasgos del bolchevismo es su posición inflexible y aun puntilloso, frente a los problemas doctrinarios. Los 27 tomos de Lenin permanecerán siempre como ejemplo de una actitud escrupulosisima hacia la teoría. El bolchevismo jamás habría cumplido su misión histórica si careciese de esta cualidad fundamental. El Stalinismo grosero, ignorante y absolutamente empírico, presenta bajo este mismo aspecto el reverso del bolchevismo.



Hace más de 10 años que la oposición lo declaraba en su plataforma: "Después de la muerte de Lenin, se creo toda una serie de nuevas "teorías" con el solo objeto de justificar "teóricamente" la desviación del grupo Stalinista del camino de la revolución proletaria internacional". El socialista americano Liston Oak, que ha participado de cerca en la revolución española, ha escrito últimamente: "De hecho los revisionistas más extremos de Marx y de Lenin, son ahora los stalinistas. El mismo Bernstein (13) no osó hacer ni la mitad del camino que hizo Stalin en la revisión de Marx". Es absolutamente cierto. Es necesario agregar solamente que en Bernstein había realmente necesidades teóricas: trataba concienzudamente de establecer una armonía entre la práctica reformista de la social-democracia y su programa. La burocracia Stalinista además de no tener nada de común con el marxismo, es también extraña a toda doctrina, programa o sistema. Su "ideología" está impregnada de un subjetivismo absolutamente policial; su práctica, de un empirismo de la más pura violencia. En el fondo los intereses de la casta de los usurpadores, es hostil a la teoría: no puede dar cuenta a sí misma ni a nadie de su papel social. Stalin revisa a Marx y a Lenin, no con la pluma de los teóricos, sino con las botas de la G. P. U.





PROBLEMAS MORALES



Los fanfarrones insignificantes, a quienes el bolchevismo les ha arrancado sus caretas, tienen la costumbre de lamentarse de la "amoralidad del bolchevismo". En el ambiente pequeño-burgués de intelectuales, demócratas, "socialistas", literatos, parlamentarios y otras gentes de la misma laya, existen valores convencionales o un lenguaje convencional para cubrir la ausencia de verdaderos valores. Esta amplia y abigarrada sociedad donde reina una complicidad reciproca - "¡vive y deja vivir a los demás!" - no soporta en su piel sensible, el contacto de la lanceta marxista. Los teóricos que oscilan entre los dos campos, los escritores y los moralistas, pensaban y piensan que los bolcheviques exageran con mala intención los desacuerdos, son incapaces de una colaboración "leal" y que por sus intrigas rompieron la unidad del movimiento obrero. El centrista sensible y susceptible cree, ante todo, que los bolcheviques "calumnian", porque estos llevan su pensamiento hasta las ultimas consecuencias, lo que ellos son incapaces de hacer. Sin embargo, sólo con esa preciosa cualidad de ser intolerante para todo lo que es híbrido y evasivo, se puede educar a un partido revolucionario para que las "circunstancias excepcionales" no los sorprendan de improviso.



La moral de todo partido deriva en el fondo, de los intereses históricos que representa. La moral del bolchevismo, que contiene la devoción, el desinterés, el valor, el desprecio por todo lo falso y vano ­ ¡las mejores cualidades de la naturaleza humana!- deriva de su intransigencia revolucionaria puesta al servicio de los oprimidos. En este sentido, también la burocracia Stalinista imita las palabras y los gestos del bolchevismo. Mas, cuando la "intransigencia", y la "inflexibilidad" se cumple por intermedio de un aparato policial que está al servicio de una minoría privilegiada, esas cualidades se transforman en una fuente de desmoralización y de gangsterismo. Inspiran solamente desprecio, los que identifican el heroísmo revolucionario de los bolcheviques con el cinismo burocrático de los termidorianos.



Aun hoy, a pesar de los dramáticos acontecimientos del último periodo, el mediocre filisteo continúa creyendo que la lucha entre bolchevismo (trotskysmo) y el Stalinismo, es un conflicto de ambiciones personales, o en el mejor de los casos, una lucha entre dos "tendencias" del bolchevismo. La expresión más cruda de este punto de vista es la de Norman Thomas, leader del partido socialista americano. "No hay razón para creer - escribe en el Socialist Review de Septiembre de 1937, página 6 - que si Trotsky hubiese estado en lugar de Stalin habrían terminando las intrigas, el complot y el terror de Rusia". Y este hombre se cree... marxista.



Con el mismo fundamento se podría decir: "No hay razón para creer que si en lugar de Pío XI se encontrara en el trono de Roma, Norman 1º, la Iglesia Católica se transformaría en un reducto socialista". Thomas no comprende que se trata no de un match entre Stalin y Trotsky, sino de un antagonismo entre la burocracia y el proletariado. Por cierto que en la U. R. S. S. la capa dirigente está obligada a adaptarse a la herencia revolucionaria que aún no está completamente liquidada, preparando al mismo tiempo un cambio en el régimen social, por medio de una guerra civil declarada ("depuración" sangrienta, exterminación en masa de los descontentos). Pero en España la camarilla Stalinista se presenta desde hoy abiertamente como el refugio del orden burgués contra el socialismo. La lucha contra la burocracia bonapartista se transforma, ante nuestros ojos, en lucha de clases: dos mundos, dos programas, dos morales. Si Thomas piensa -que la victoria del proletariado socialista sobre la casta abyecta de los opresores, no regenerar política y moralmente el régimen soviético, demuestra con ello que a pesar de todas sus reservas, sus tergiversaciones y sus piadosos suspiros se encuentra mucho más cerca de la burocracia Stalinista que de los obreros revolucionarios. Al igual que aquellos que denuncian el "amoralismo" de los bolcheviques, Thomas es simplemente un advenedizo de la moral revolucionaria.





LAS TRADICIONES DEL BOLCHEVISMO Y LA IV INTERNACIONAL



Para los "izquierdistas" que ignorando el bolchevismo tratan de "volver" al marxismo, todo se reduce simplemente a algunos remedios aislados: boicotear los antiguos sindicatos, boicotear el parlamento crear "verdaderos" soviets. Todo eso podía parecer extraordinariamente profundo en la fiebre de los primeros días que siguieron a la guerra. Pero hoy, a la luz de la experiencia sufrida, estas "enfermedades infantiles" han perdido todo interés aun en su carácter de curiosidades. Los holandeses Gorter y Panneckoek, los "espartaquistas" alemanes y los bordighistas italianos,(14) han manifestado su independencia con respecto al bolchevismo. oponiendo a sus rasgos, uno de los suyos artificialmente agrandados. De esas tendencias de "izquierda" no queda nada, práctica ni teóricamente: prueba directa, pero importante, de que para nuestra‚ época el bolchevismo es la única forma del marxismo.



El partido bolchevique ha demostrado, en la acción, la combinación de suprema audacia revolucionaria y de realismo político. Por primera vez ha establecido entre la vanguardia y la clase la única relación capaz de asegurar la victoria. La experiencia ha demostrado que la unión del proletariado con las masas oprimidas de la pequeña burguesía de las ciudades y de los campos, es posible únicamente, con la derrota política de los partidos tradicionales de la pequeña burguesía. El partido bolchevique ha enseñado al mundo entero como se realiza la insurrección armada y la toma del poder. Los que oponen una abstracción de soviets, a la dictadura del partido, deberían comprender que únicamente gracias a la dirección de los bolcheviques, los soviets se elevaron del pantano reformista al papel de órganos del Estado proletario. En la guerra civil el partido bolchevique h3, realizado una justa combinación del arte militar con la política marxista. Aunque la burocracia Stalinista consiguiera arruinar las bases económicas de la nueva sociedad, la experiencia de la economía planificada, realizada bajo la dirección del partido bolchevique, quedar para siempre en la historia como una escuela superior para toda la humanidad. Únicamente no ven todo esto los sectarios, que ofendidos por los golpes recibidos, han vuelto la espalda al proceso histórico.



Pero esto no es todo. El partido bolchevique ha podido hacer un trabajo "práctico" tan grandioso, únicamente porque todos sus pasos estaban iluminados por la luz de la teoría. El bolchevismo no la ha creado: Ha sido dada por el marxismo. Pero el marxismo es la teoría del movimiento y no del reposo -y solamente acciones realizadas en una escala histórica grandiosa, podían enriquecer la teoría. Por el análisis de la época imperialista como época de guerras y de revolución; de la democracia burguesa en el periodo de decadencia del capitalismo; de la relación entre la huelga general y la insurrección; del papel del partido, de los soviets y de los sindicatos en la época de la revolución proletaria; de la teoría del estado soviético; de la economía de transición; del fascismo y del bonapartismo a la época de descomposición capitalista; en fin, por su análisis de la degeneración del mismo partido bolchevique y (.­ el estado soviético, el bolchevismo ha aportado al marxismo una contribución preciosa. Que se nos nombre otra tendencia que haya agregado algo esencial a las conclusiones y a las generalizaciones del bolchevismo. Vandervelde, De Brouckere, Hilferding, Otto Bauer, León Blum, Ziromsky, etc. sin hablar del mayor Attleey y de Norman Thomas(15) viven teórica y políticamente de las reliquias del pasado. La degeneración del Comintern se expresa en la forma más brutal en el hecho de que ha caído teóricamente al nivel de la II Internacional. Los grupos intermediarios de toda ¡índole (Independent Labour Party de Inglaterra, el P. 0. U. M.(16) y sus semejantes) vuelven a adaptar semanalmente, para sus necesidades del momento las migajas de Marx y de Lenin. Los obreros no aprenderán nada entre estas gentes.



Solamente los constructores de la IV Internacional,(17) al adoptar las tradiciones de Lenin y de Marx, han tomado una actitud seria con respecto a la teoría. Que los filisteos se burlen porque veinte años después de la Revolución de Octubre, los revolucionarios se han visto reducidos a las tareas de una modesta preparación de propaganda.



En este aspecto como en otros, el gran capital es mucho más perspicaz que los filisteos pequeño burgueses que se consideran "socialistas" o "comunistas". No es por nada que la cuestión de la IV Internacional no desaparece de las columnas de la prensa mundial. La imperiosa necesidad histórica de una dirección revolucionaria, asegura a la IV Internacional ritmos excepcionalmente rápidos en su desarrollo. El hecho de que no se ha formado fuera del gran camino de la historia, sino que ha surgido orgánicamente del bolchevismo, es la garantía más importante de sus éxitos futuros.



LEON TROSTKY



A de 1937











N 0 T A S

(1) El Bureau de Londres reunía a pequeñas organizaciones socialistas que oscilaban entre el reformismo y el marxismo revolucionario. La más importante era el Independent Labour Party.



(2) Políticos socialdemócratas al es.



(3) Denominación de la 3.a Internacional.



(4) Dirigente staliniano búlgaro que fue presidente de la 3ª. Internacional y procesado por Hltler a raíz de­ Incendio del Reischtag.



(5) Procesos judiciales seguidos por Stalin contra los oposicionistas y que significaron la liquidación de toda la vieja guardia bolchevique y su fusilamiento.



(6) Político ruso social revolucionario, que ocupara la presidencia del gobierno después de la revolución de Febrero de 1917.



(7) Nueva Política Económica. Cambio en la orientación económica de los Soviets, después de la Guerra Civil y propiciada por Lenin.



(8) Confederación Nacional de Trabajadores. o central sindical español de orientación anarquista.



(9) Críticos revisionistas del Leninismo.



(10) Fortaleza en Petrogrado, donde se insurreccionaron los marineros durante la guerra civil en Rusia,



(11) Guerrillero campesino que luchó contra los soviets, de orientación anarquista.



(12) Socialistas ingleses, pertenecientes a la Asociación Fabiana.



(13) Teórico socialdemócrata alemán, figura 'Principal del revisionismo.



(14) Corriente Izquierdista del comunismo italiano.



(15) Dirigentes socialdemócratas de la 2.a Internacional.



(16) Partido Obrero de Unificación Marxista, organización centrista cuya fuerza principal estaba en Barcelona. Reprimida violentamente por el Stalinismo durante la guerra civil española.



(17) Cuarta Internacional, Partido Mundial de la Revolución socialista, fundada por Trotsky en 1938, que defiende las Ideas de la Revolución Proletaria.

90 AÑOS DEL MANIFIESTO COMUNISTA

León Trotsky




30 de octubre de 1937











¡Se hace difícil creer que estamos a sólo diez años del centenario del Manifiesto del Partido Comunista! Este folleto, desplegando una genialidad mayor que cualquier otro en la literatura mundial, sigue hoy asombrándonos por su frescor. Sus partes más importantes parecen escritas ayer. Indudablemente, sus jóvenes autores (Marx tenía veintinueve años, Engels veintisiete) podían ver más allá en el futuro que nadie antes que ellos, y quizá que nadie después de ellos.



Ya en su prefacio conjunto a la edición de 1872, Marx y Engels declaraban que, si bien algunos pasajes secundarios del Manifiesto habían quedado anticuados, sentían que no tenían ya ningún derecho a modificar el texto original, por cuanto el Manifiesto se había convertido en un documento histórico en el intervalo de veinticinco años. Han pasado sesenta y cinco años adicionales desde entonces. Determinados pasajes del Manifiesto aún se han alejado más en el pasado. En este prefacio intentaremos establecer sucintamente tanto las ideas del Manifiesto que conservan hoy todo su vigor como aquellas que requieren una alteración o una ampliación considerables.



1. La concepción materialista de la historia, descubierta por Marx poco antes y aplicada con una consumada maestría en el Manifiesto, ha resistido perfectamente la verificación de los acontecimientos y los golpes de la crítica hostil. Hoy constituye uno de los instrumentos más preciosos del pensamiento humano. Todas las demás interpretaciones del proceso histórico han perdido cualquier significación científica. Podemos afirmar con toda seguridad que en nuestro tiempo es imposible no sólo ser un militante revolucionario, sino tan sólo un observador culto de la política, sin asimilar la interpretación materialista de la historia.



2. El primer capítulo del Manifiesto empieza con las palabras siguientes: “La historia de toda sociedad que haya existido hasta ahora es la historia de la lucha de clases.” Este postulado, la conclusión más importante obtenida de la interpretación materialista de la historia, se convirtió inmediatamente en un factor de la lucha de clases. Especialmente venenosos fueron los ataques lanzados por los reaccionarios hipócritas, los doctrinarios liberales y los demócratas idealistas contra la teoría que sustituía por el conflicto de intereses materiales el “bienestar común”, la “unidad nacional” y las “verdades morales eternas” como fuerza motriz de la historia. Más tarde se les sumaron elementos reclutados en las filas del movimiento obrero mismo, los llamados revisionistas, es decir, los que proponían reconsiderar (“revisar”) el marxismo con espíritu de colaboración y conciliación de clases. Finalmente, en nuestra propia época, han seguido en la práctica el mismo camino los despreciables epígonos de la Internacional Comunista (los “stalinistas”): la política del llamado Frente Popular dimana por completo de la negación de las leyes de la lucha de clases; cuando es precisamente la época del imperialismo, que lleva las contradicciones sociales a su máxima tensión, la que da al Manifiesto Comunista su victoria teórica suprema.



3. La anatomía del capitalismo, como etapa específica del desarrollo económico de 1a sociedad, fue expuesta por Marx, en su forma acabada, en El Capital (1867). Pero en el Manifiesto Comunista están ya firmemente esbozadas las líneas principales del análisis futuro: el pago de la fuerza de trabajo como equivalente de su costo de reproducción; la apropiación de la plusvalía por los capitalistas; la competencia como ley básica de las relaciones sociales; la ruina de las clases intermedias, es decir, la pequeña burguesía urbana y el campesinado; la concentración de la riqueza en manos de un número cada vez menor de propietarios, en un polo, y en el otro, el crecimiento numérico del proletariado; la preparación de las condiciones materiales y políticas previas para el régimen socialista.



4. La proposición del Manifiesto referente a la tendencia del capitalismo a hacer bajar el nivel de vida de los obreros, e incluso a transformarlos en pobres, ha sido fuertemente bombardeada. Curas, profesores, ministros, periodistas, teóricos socialdemócratas y dirigentes sindicales han entrado en combate contra la llamada “teoría de la pauperización”. Invariablemente han descubierto signos de prosperidad creciente entre los trabajadores, haciendo pasar a la aristocracia obrera por el proletariado o tomando por estable una tendencia pasajera; y eso cuando incluso el desarrollo del capitalismo más poderoso del mundo, o sea, el capitalismo norteamericano, ha transformado a millones de obreros en pobres mantenidos a expensas de la caridad federal, municipal o privada.



5. También contra el Manifiesto, que presentaba las crisis comerciales e industriales como una serie de catástrofes cada vez mayores, los revisionistas juraban que el desarrollo nacional e internacional de los trusts permitiría controlar el mercado y conduciría gradualmente a la abolición de las crisis. El final del siglo pasado y el comienzo del actual se caracterizaron realmente por un desarrollo del capitalismo tan impetuoso como para que las crisis pudieran parecer tan sólo interrupciones “accidentales”. Pero esa época se fue para no volver. En ultimo análisis, la verdad demostró igualmente estar del lado de Marx.



6. “El poder ejecutivo del Estado moderno no es sino un comité para la gestión de los asuntos comunes de la burguesía en su conjunto.” Esta fórmula sucinta, considerada por los dirigentes de la socialdemocracia como una paradoja periodística, encierra de hecho la única teoría científica del Estado. La democracia modelada por la burguesía no es, como pensaban Bernstein* y Kautsky, un saco vacío que puede llenarse tranquilamente con cualquier especie de contenido de clase. La democracia burguesa solo puede estar al servicio de la burguesía. Un gobierno de “Frente Popular”, esté encabezado por Blum* o por Chautemps, por Caballero o por Negrín[2], es sólo “un comité para la gestión de los asuntos comunes de la burguesía en su conjunto.” En cuanto este “comité” gestiona deficientemente los asuntos, la burguesía lo echa de un puntapié.



7. “Toda lucha de clases es una lucha política.” “La organización del proletariado como clase [es] consecuentemente su organización en un partido político.” Los sidicalistas por un lado, y por otro los anarcosindicalistas, pusieron de lado hace tiempo -e incluso ahora tratan de poner de lado- la comprensión de estas leyes históricas. El sindicalismo “puro” ha recibido ahora un golpe terrible en su principal refugio, Estados Unidos. El anarcosindicalismo ha sufrido una derrota irreparable en su última plaza fuerte, España. También aquí el Manifiesto ha demostrado tener razón.



8. El proletariado no puede conquistar el poder en el marco legal establecido por la burguesía. “Los comunistas declaran abiertamente que sus fines sólo pueden alcanzarse mediante el derrocamiento por la fuerza de todas las condiciones sociales existentes”. El reformismo ha tratado de interpretar este postulado del Manifiesto basandose en la inmadurez del movimiento en aquella época y en el insuficiente desarrollo de la democracia. La suerte de las “democracias” italiana, alemana y muchas otras, demuestra que la “inmadurez” es el rasgo distintivo de los propios reformistas.



9. Para la transformación socialista de la sociedad, la clase obrera debe concentrar en sus manos el poder necesario para destrozar todos y cada uno de los obstáculos políticos que obstruyen el camino hacia el nuevo sistema. “El proletariado organizado como clase gobernante”: es decir, su dictadura. Esta es, al mismo tiempo, la única democracia proletaria verdadera. Su amplitud y profundidad dependen de las condiciones históricas concretas. Cuantos más sean los Estados que tomen el camino de la revolución socialista, tanto más libres y flexibles serán las formas asumidas por la dictadura, tanto más abierta y avanzada será la democracia obrera.



10. El desarrollo internacional del capitalismo ha predeterminado el carácter internacional de la revolución proletaria. “La unidad de acción, al menos de los principales países civilizados, es una de las condiciones primordiales de la emancipación del proletariado.” El desarrollo posterior del capitalismo ha enlazado tan estrechamente todas las partes de nuestro planeta, tanto las “civilizadas” como las “no civilizadas” que el problema de la revolución socialista ha adquirido completa y decisivamente un carácter mundial. La burocracia soviética trató de liquidar al Manifiesto en lo referente a esta cuestión fundamental. La degeneración bonapartista del Estado soviético es un ejemplo abrumador de la falsedad de la teoría del socialismo en un solo país.



11. “Cuando, en el curso del desarrollo, desaparezcan todas las distinciones de clase, y toda la producción se concentre en manos de una vasta asociación de la nación entera, el poder público perderá su caracter político.” En otras palabras: el Estado se extingue. La sociedad permanece, liberada de la camisa de fuerza. Esto no es otra cosa que el socialismo. Como teorema inverso, el crecimiento monstruoso de la coacción estatal en la URSS es un elocuente testimonio de que la sociedad se está alejando del socialismo.



12. “Los obreros no tienen patria.” Estas palabras del Manifiesto han sido más de un vez valoradas por los filisteos como una burla provocadora. De hecho, han dotado al proletariado de la única línea de orientación concebible en relación a la “patria” capitalista. La violación de esta línea de orientación por parte de la II Internacional ha conducido no sólo a cuatro años de devastación en Europa, sino al actual estancamiento de la civilización mundial. Ante la próxima guerra, a la que la traición de la III Internacional ha abierto el camino, el Manifiesto sigue siendo el consejero más seguro respecto a la cuestión de la “patria” capitalista.



Como vemos, la obra conjunta, y más bien corta, de dos jóvenes autores sigue ofreciendo directrices insustituibles en relación a las cuestiones más importantes y candentes de la lucha por la emancipación. ¿Qué otro libro podría compararse, ni de lejos, con el Manifiesto Comunista? Pero esto no significa que, después de noventa años de desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas y de grandes luchas sociales, el Manifiesto no precise de correcciones y adiciones. El pensamiento revolucionario no tiene nada en comun con la idolatría. Los programas y las predicciones se verifican y corrigen a la luz de la experiencia, que es el criterio supremo de la razón humana. Tambien el Manifiesto requiere correcciones y adiciones. Sin embargo, como lo demuestra la misma experiencia histórica, estas correcciones y adiciones sólo pueden realizarse con éxito si se procede de acuerdo con el método que está en la base del Manifiesto mismo. Trataremos de demostrarlo en varios de los casos más importantes.



I. Marx enseñó que ningún sistema social sale de la arena de la historia antes de agotar sus potencialidades creativas. El Manifiesto desuella al capitalismo por retardar el desarrollo de las fuerzas productivas. En aquel período, sin embargo, igual como en las décadas siguientes, ese atraso sólo tenía un carácter relativo. De haberse podido, en la segunda mitad del siglo XIX, organizar la economía sobre principios socialistas, sus ritmos de crecimiento hubieran sido inconmensurablemente más rápidos. Pero este postulado, irrefutable teóricamente, no invalida el hecho de que las fuerzas productivas siguieran expandiendose a escala mundial hasta la guerra mundial. No ha sido sino hasta los últimos veinte años cuando, a pesar de las recientes conquistas de la ciencia y la tecnología, ha empezado decididamentemente la época de estancamiento e incluso de declinación. La humanidad esta empezando a gastar su capital acumulado, mientras que la próxima guerra amenaza con destruir los cimientos de la civilización humana por gran número de años . Los autores del Manifiesto pensaban que el capitalismo podría tirarse a la basura mucho antes de que se transformara de régimen relativamente reaccionario en régimen absolutamente reaccionario. Esta transformación sólo ha terminado de configurarse ante los ojos de la generacion actual, y ha hecho de nuestra época una época de guerras, revoluciones y fascismo.



II. El error de Marx y Engels en relación a las fechas históricas dimanaba, por un lado, de una subestimación de las posibilidades futuras que latían en el capitalismo, y por otro, de una sobreestimacion de la madurez revolucionaria del proletariado. La revolución de 1848 no se transformó en una revolución socialista, como había calculado el Manifiesto, pero abrió a Alemania la posibilidad de un vasto crecimiento capitalista futuro. La Commune de París demostró que el proletariado no podía arrebatar el poder a la burguesía sin tener a su cabeza un partido revolucionario bien templado. En cambio, el prolongado período subsiguiente de prosperidad capitalista no conllevó la educación de la vanguardia revolucionaria, sino la degeneración burguesa de la aristocracia obrera, que a su vez se convirtió en el freno principal de la revolución proletaria. Por lógica natural, los autores del Manifiesto no podían prever esta “dialéctica”.



III. Para el Manifiesto, el capitalismo era el reino de la libre competencia. Aun refiriéndose a la concentración creciente del capital, el Manifiesto no extrae la conclusión necesaria respecto al monopolio, que se ha convertido en la forma capitalista dominante en nuestra época y en la condición previa más importante para la economía socialista. No fue sino más tarde, en El Capital, cuando Marx estableció la tendencia hacia la transformación de la libre competencia en monopolio. Fue Lenin quien dio una caracterización científica del capitalismo monopolista en su Imperialismo.



IV. Basándose en el ejemplo de la “revolución industrial” en Inglaterra, los autores del Manifiesto describieron demasiado unilateralmente el proceso de liquidación de las clases intermedias, como proletarización a gran escala de los artesanos, los pequeños comerciantes y los campesinos. En realidad, las fuerzas elementales de la competencia están lejos de haber completado esta tarea, a la vez progresiva y bárbara. El capitalismo ha arruinado a la pequeña burguesía en proporción mucho mayor a lo que la ha proletarizado. Además, el Estado burgués ha orientado en gran medida su política consciente en el sentido del mantenimiento artificial de las capas pequeño-burguesas. En el polo opuesto, el progreso de la tecnología y la racionalización en la industria a gran escala engendran el desempleo crónico y obstaculizan la proletarización de la pequeña burguesía. Concurrentemente, el desarrollo del capitalismo ha acelerado en grado máximo el desarrollo de legiones de técnicos, administradores, empleados, en suma, la llamada “nueva clase media”. Como consecuencia, las clases intermedias, a cuya desaparición alude tan categóricamente el Manifiesto, comprenden, aun en un país tan industrializado como Alemania, a más o menos la mitad de la población. Sin embargo, la conservación artificial de capas pequeño burguesas anticuadas no mitiga de ningún modo las contradicciones sociales sino que, por el contrario, les confiere una especial virulencia, y constituye, junto con el ejército permanente de desocupados, la expresión más maligna de la degeneración del capitalismo.



V. Concebido para una época revolucionaria, el Manifiesto contiene (al final del capítulo II) diez reivindicaciones que corresponden al período de transición directa del capitalismo al socialismo. En su prefacio de 1872, Marx y Engels declararon que estas reivindicaciones quedaban en parte anticuadas y que, en cualquier caso, sólo tenían una importancia secundaria. Los reformistas se asieron a esta valoración interpretándola en el sentido de que las reivindicaciones revolucionarias transitorias habían cedido el sitio para siempre al “programa mínimo” socialdemócrata, que, como se sabe, no rebasa los límites de la democracia burguesa. De hecho, los autores del Manifiesto indicaron con toda precisión la principal rectificación de su programa transicional, a saber: “la clase obrera no puede simplemente apoderarse de la maquinaria estatal existente y manejarla para sus propios fines.” En otras palabras, la rectificacion estaba dirigida contra el fetichismo de la democracia burguesa. Posteriormente, Marx contrapuso al Estado capitalista el Estado del tipo de la Commune. Este “tipo” adquirió más tarde la forma mucho más delimitada de los soviets. Hoy no puede haber un programa revolucionario sin soviets y sin control obrero. Por lo demás, las diez reivindicaciones del Manifiesto, que parecían “arcaicas” en una época de pacífica actividad parlamentaria, han recobrado actualmente su verdadera significación. El “programa mínimo” socialdemócrata, por su parte, ha quedado irremisiblemente anticuado.



VI. En apoyo de su esperanza de que “la revolución alemana... no será sino el preludio de una revolución proletaria que la seguirá inmediatamente”, el Manifiesto cita las condiciones mucho más avanzadas de la civilización europea en comparación con las de Inglaterra en el siglo XVII y las de Francia en el siglo XVIII, y el desarrollo mucho mayor del proletariado. El error en esta predicción no era sólo de fecha. Al cabo de pocos meses, la revolución de 1848 reveló que precisamente en condiciones más avanzadas ninguna clase burguesa es capaz de llevar la revolución hasta su consumación: la burguesía alta y media esta demasiado vinculada a los terratenientes, y agarrotada por el miedo a las masas; y la pequeña burguesía está demasiado dividida, y su dirección depende demasiado de la alta burguesía. Como evidencia todo el curso posterior del desarrollo en Europa y en Asia, la revolución burguesa, considerada en sí misma, en términos generales no puede ya consumarse. Una eliminación completa de los escombros feudales de la sociedad sólo puede concebirse bajo la condición de que el proletariado, liberado de la influencia de los partidos burgueses, pueda ocupar su puesto a la cabeza del campesinado y establecer su dictadura revolucionaria. Con ello, la revolución burguesa se entrelaza con la primera etapa de la revolución socialista para disolverse en ésta subsiguientemente. La revolución nacional se convierte de este modo en un eslabón de la revolución mundial. La transformación de la base económica y de todas las relaciones adquiere un carácter permanente (ininterrumpido).



Para los partidos revolucionarios de los países atrasados de Asia, Latinoamérica y África, la clara comprensión de la conexión orgánica entre la revolución democrática y la dictadura del proletariado -y por tanto con la revolución socialista internacional- es una cuestión de vida o muerte.



VII. Aunque describe cómo el capitalismo arrastra en su vorágine a los países atrasados y bárbaros, el Manifiesto no contiene ninguna referencia a la lucha de los países coloniales y semicoloniales por su independencia. En la medida en que Marx y Engels consideraban que la revolución social, “al menos en los principales países civilizados”, era cosa de pocos años, la cuestión colonial quedaba para ellos resuelta automáticamente, no como consecuencia de un movimiento independiente de las nacionalidades oprimidas, sino de la victoria del proletariado en los centros metropolitanos del capitalismo. La cuestión de la estrategia revolucionaria en los países coloniales y semicoloniales no se aborda por tanto para nada en el Manifiesto. Estas cuestiones siguen exigiendo una solución independiente. Por ejemplo, es completamente evidente que así como la “patria nacional” se ha convertido, en los países capitalistas avanzados, en el más perjudicial freno histórico, sigue siendo en cambio, un factor relativamente progresivo en los países atrasados, obligados a luchar por una existencia independiente.



“Los comunistas”, declara el Manifiesto, “sostienen en todas partes todo movimiento revolucionario contra el orden de cosas social y político existente”. El movimiento de las razas de color contra sus opresores imperialistas es uno de los movimientos más importantes y poderosos contra el orden existente, y reclama un apoyo completo, incondicional e ilimitado por parte del proletariado de raza blanca. El mérito del desarrollo de la estrategia revolucionaria para las nacionalidades oprimidas corresponde principalmente a Lenin.



VIII. La parte más envejecida del Manifiesto -no respecto al método, sino a los elementos- es la crítica de la literatura “socialista” de la primera parte del siglo XIX (capítulo III) la definición de la posición de los comunistas frente a distintos partidos de oposición (capítulo IV). Los movimientos y partidos enumerados por el Manifiesto fueron barridos tan drásticamente por la revolución de 1848 o por la contrarrevolución que la siguió que uno debe buscar hasta sus nombres en un diccionario histórico. Sin embargo, quizás también en esta parte el Manifiesto está más cerca de nosotros que de la generación anterior. En la época de florecimiento de la II Internacional, cuando el marxismo parecía ejercer un poder indiviso, las ideas del socialismo premarxista podían verse como definitivamente relegadas al pasado. Las cosas son hoy diferentes. La descomposición de la socialdemocracia y de la Internacional Comunista engendra a cada paso monstruosas recaídas ideológicas. Parece como si el pensamiento senil se hubiera convertido en infantil. Los profetas de la época de la degeneración, en busca de fórmulas curalotodo, redescubren doctrinas hace tiempo enterradas por el socialismo científico. En lo que se refiere a la cuestión de los partidos de oposición, es en este terreno en el que las pasadas décadas han introducido los cambios más profundos, no sólo en el sentido de que los viejos partidos han sido arrojardos a un lado desde hace tiempo por otros nuevos, sino también en el de que el carácter mismo de los partidos y sus relaciones mutuas han cambiado radicalmente en las condiciones de la época imperialista. El Manifiesto debe por tanto ampliarse con los documentos más importantes de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, la literatura básica del bolchevismo y las decisiones de las conferencias de la IV Internacional.



Hemos señalado ya que según Marx ningún orden social abandona la escena sin antes agotar sus potencialidades latentes. Pero ni siquiera un orden social anticuado cede sin resistencia su sitio a un orden nuevo. Un cambio de régimen social presupone la forma más dura de la lucha de clases, es decir, la revolución. Si el proletariado, por una razón u otra, se muestra incapaz de derribar, con un golpe audaz, el caduco orden capitalista, el capital financiero, en su lucha por mantener su inestable dominio, no podrá sino convertir a la pequeña burguesía, arruinada y desmoralizada, en el ejército asesino del fascismo. La degeneración burguesa de la socialdemocracia y la degeneración fascista de la pequeña burguesía están entrelazadas como causa y efecto.



Actualmente, la III Internacional, de forma mucho más desvergonzada que la Segunda, lleva a cabo en todos los países la tarea de enganar y desmoralizar a los trabajadores. Con la matanza de la vanguardia del proletariado español, los desenfrenados esbirros de Moscú no sólo despejan el camino del fascismo, sino que ejecutan buena parte de sus tareas. La prolongada crisis de la revolución internacional, que se convierte cada vez más en crisis de la civilización humana, es reductible en lo esencial a la crisis de la dirección revolucionaria.



La IV Internacional, como heredera de la tradición grandiosa cuyo eslabón más precioso es el Manifiesto del Partido Comunista, educa a nuevos cuadros para la resolución de viejas tareas. La teoría es la realidad generalizada. En una actitud honesta ante la teoría revolucionaria se expresa el deseo apasionado de reconstruir la realidad social. El que nuestros correligionarios en el sur del Continente Negro hayan sido los primeros en traducir el Manifiesto en lengua afrikaan es una nueva ilustración patente de que el pensamiento marxista vive hoy sólo bajo la bandera de la IV Internacional. A ella pertenece el futuro. Cuando se celebre el centenario del Manifiesto Comunista, la IV Internacional se habrá convertido en la fuerza revolucionaria decisiva de nuestro planeta.







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[1] A noventa años del Manifiesto Comunista, fue escrito por Trotsky como introducción a la edición en afrikaan del Manifiesto Comunista. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo IX, Vol. 1, 1979, Bogotá, Colombia, pág. 19.



[2] Camille Chautemps (1885-1963): dirigente del Partido Radical, fue primer ministro de Francia en 1930 y 1933-34, pero debió renunciar cuando se comprobó su participación en un escándalo financiero. Fue primer ministro nuevamente en 1937-38. Francisco Largo Caballero (1869-1946): jefe del ala izquierda del Partido Socialista español. Fue primer ministro desde septiembre de 1936 hasta mayo del 37. Juan Negrín López (1889-1956): último premier de la República española. Después de la guerra civil se fue al exilio y renunció.